El Quetzal
¿Está caliente tu té? preguntó Sebastián aquella tarde de verano en un café al sur de la ciudad. Las calles empedradas recuerdan la colonia, hoy todo es distinto; marcas transnacionales, cafés al estilo de la gran manzana han invadido la tierra del coyote. Aún se pueden ver en las esquinas y en algún establecimiento modesto, típicos personajes que pretenden solucionar los paradigmas postmodernos al son de una bebida jarocha y un tabaco del vaquero americano. Con una espontánea sonrisa Alanís respondió ¡esta hirviendo!, así que tendremos tiempo para discutir lo que nos ha traído aquí. En un acto más por romper el hielo que por el interés afectivo, Sebastián ha elegido preguntar: ¿Cómo está tu madre?-En verdad aprecio el interés hipócrita de tu parte, mi madre está bien pero no hemos venido a hablar de mi familia ni de tus ideas para salvar el mundo postrado en una silla, tratando de encontrar si en la historia hay efectos mediante la herme….
-Hermenéutica respondió Sebastián.
- Lo que sea.
Hace un año de aquella separación, Sebastián, mejor dicho El gafas, se había quedado inmóvil bajo la lluvia viendo como el camión que los había llevado hasta Tepoztlán se ocultaba entre la lluvia, al final se perdió en una curva.
El día había comenzado muy temprano, un corto trayecto de la terminal de autobuses del sur de la Cd. de México y por fin el estado de Morelos. Algunos miles de escalones bastaron para subir el tepozteco, al final una gran vista de las tierras zapatistas. En un instante todo era silencio al filo de la pirámide y el tiempo pareció haberse detenido. De pronto Alanís en un impulso se ha parado para salir corriendo inexplicablemente. Sebastián tardó algunos segundos antes de reaccionar e ir en su búsqueda. Ella se perdió entre la selva y escalones de bajada, Sebastián, no la pudo alcanzar.
Después de correr y correr el gafas se vio perdido en la nutrida vegetación, ahora no todo era silencio. A lo lejos se escucha el eco colosal digno de la sierra, el canto de aves de gran tamaño parecían volar en circulo como un enemigo sigiloso. Sin saber de dónde ni cómo, Sebastián se encuentra rodeado, aborígenes con taparrabos amenazan con enterrar sus lanzas en el centro de su pecho. Pronto es llevado ante Ce Acatl Tolpiltzin Quetzalcóatl quien de inmediato ordena su sacrificio por atreverse a desafiar a la gran roca. Es despojado de su ropa y llevado hasta la cima del Tepozteco de donde ha de ser lanzado.Todo está listo para el sacrificio, Sebastián es atado de manos, los ojos vendados y puesto en una tabla al filio del cerro. A punta de lanza es invitado a dar unos pasos y caer al vacío. Sin salida, temerosamente da un paso y pide clemencia, sabía que no podía morir sin antes encontrar al amor de su vida. No hay piedad, el gafas da el último paso y cae el vacío. Como una cinta cinematográfica su vida se proyecta en su mente de principio a fin, cada momento en el que río, lloró y amó. El viento se escuchaba violentamente y el vacío en el estómago era insoportable, las rocas afiladas esperaban al final del viaje.
Listo para morir Sebastián aprieta los dientes para recibir el impacto. Metros antes de hacer contacto con las mortales rocas un Quetzal de gran tamaño lo toma de la ropa y lo rescata. Juntos surcan el abstracto atardecer rojizo de tierras sureñas. Con mucho cuidado es dejado en el centro del pueblo, se quita la venda de los ojos y corre desnudo a la terminal de autobuses. Es tarde, el camión está en la puerta de salida. El gafas corre despavoridamente detrás del camión. Alanís se asoma por una de las ventanas, con una mirada pide disculpas por el abandono. La lluvia comienza a caer y pronto sus piernas se ven superadas por la máquina del camión el cual se pierde en una curva.
-Y bien, después de un año estamos aquí en un café de Coyoacán, quisiera una explicación, exclama Sebastián.
-Alanís se queda en silencio y agacha la mirada. Parece que el tiempo se detuvo, incluso el viento inmóvil es la perfecta combinación para la llovizna que comienza a caer. Inexplicablemente la mujer de cabello castaño sale huyendo como aquella tarde en Tepoztlán. Sebastián intenta ir tras ella, dos hombres de blanco lo interceptan.
La esquizofrenia es un diagnóstico psiquiátrico que se refiere a trastornos mentales graves en personas con alteraciones en la percepción o la expresión de la realidad. Sebastián actualmente es interno de instituto mexicano de psiquiatría, cree mantener conversaciones con una mujer de nombre Alanís y en la delirante víspera de su muerte, ver enormes quetzales volando en círculo en los atardeceres citadinos.
Fotos:http://farm4.static.flickr.com/3385/3237899848_d0136663a6.jpg
http://www.ciudadmexico.com.mx/images/zones/coyoacan/coyoacan.JPG
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