El aborto y los temas circulares en la discusión política
Hablar del México añejo y contemporáneo es hablar del pueblo que se pelea en la delegada línea del consenso como promotor del utópico desarrollo humano. Los antecedentes de nuestra pintoresca política, entendiendo como política el acto de la pluralidad de ideas que tiene como fin el accionar de una vida en sociedad[1], han estado salpicados de aciertos y desaciertos, encantos y desencantos, pero sobre todo, de coincidencias y disidencias. Tal es el caso de la discusión de temas inherentes a la vida, en específico el aborto. Resulta tarea difícil en un pueblo de actantes políticos disfuncionales divididos por el poder, sacar a flote temas alejados del mundo de lo constante y material, temas en un constante devenir, ya que la vida no es un elemento estructural, muy por el contrario divaga dialécticamente en el complejo mundo de lo súper-estructural[2].Para comenzar es necesario hacer una abreve definición del concepto vida desde la perspectiva estrictamente biológica, “hace alusión a aquello que distingue a los reinos animal, vegetal, hongos, protistas, arqueas y bacterias del resto de manifestaciones de la naturaleza. Implica las capacidades de nacer, crecer, reproducirse y morir, y, eventualmente, evolucionar”[3]. Como pudimos ver en esta superficial definición, la vida es un concepto ligado al constante cambio, que evoluciona y se mueve, interactuando con los factores externos construyendo una forma. Por lo tanto, podemos decir que la vida no es un concepto ligado a lo estático e inamovible como supone el mundo jurídico, ya que se legisla para aspectos constantes, por el contrario, la vida no es parálisis, es un estado.
Partiendo de esta tesis fundamental, podemos observar que el diálogo entre instituciones visto desde el ojo funcionalista, es un juego trillado en el que se gira y se discute al son de intereses políticos y religiosos, pero sobre todo, montado sobre una plataforma de un tema circular difícil de atrapar y llevarlo a lo constante de lo jurídico. Muy difícilmente podremos encontrar las respuestas y direcciones de temas en constante movimiento. Mientras la iglesia objeta que la vida comienza en el momento de la concepción, los legisladores queman contadas neuronas tratando de fraguar la idea biológica de vida para poder hacer una ley capaz de cumplir con la constante que ésta requiere.
En conclusión, temas circulares como es el caso de la legislación del aborto, no deberían estar supeditados a la referencia de lo plasmado y con carácter estático de lo jurídico, ya que la ley no es algo que se mueva dialécticamente en el accionar humano y que mute con la conveniencia.
Podemos observar que el tema circular del aborto no es asunto de leyes jurídicas sino morales, estás poseen la verdadera idea de constante cambio e improvisación en la toma de decisiones; sólo éstas como producto de un buen ejercicio de la formación basada en los preceptos de una frónesis[4] guiada al bien social, nos podrá rescatar de divagar en el hoyo negro del complejo espacio sideral de los llamados temas circulares. Mientras tanto, las instituciones funcionales podrán continuar corriendo en la esfera del eterno cíclico y estéril mundo de la discusión circular.
[1] Sartori Giovanni, La política, Lógica y método de las ciencias sociales, Ed. Fondo de Cultura económica 3ª edición México 2002 pp. 223.
[2] Hernecker Martha, Los conceptos elementales del materialismo histórico, Ed. Fondo de cultura Económica 5ª edición México 1999 pp. 158
[3] Diccionario Esencial de la Lengua Española. Editorial VOX
[4] Phronesis (del griego: Φρόνησις) en Aristóteles es la virtud del pensamiento moral, normalmente traducida como "sabiduría práctica", a veces también como "prudencia".
A diferencia de la Sofía, la Frónesis es la habilidad para pensar cómo y por qué debemos actuar para cambiar las cosas, especialmente para cambiar nuestras vidas a mejor.
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