Al igual que la metáfora con la que Baudrillard abre el libro Cultura y Simulacro, bajo esta era, la era de la suplantación de los modelos inexistente pero reales, la hiperrealidad, se encuentra la frónesis postmoderna en la que yacen los vestigios de la idea artística del romanticismo como emancipación del clasicismo, que rescata lo humano de lo fáctico, constante y comprobable de las ideas racionalistas de progreso. Es así como nuevamente vemos los conceptos destrozados de la intercomunicación humana por medio del arte. La era de la fragmentación tanto social como individual, nos lleva no sólo al fin de las ideologías sino al de la estética elemental, que parte del individuo y no del binomio producción y valor. Como parte de la fragmentación social, el triunfo de los micro grupos ante la idea de militancia, encontramos la idea artística ya no como un valor que otorga una sociedad unida por las perspectivas de lo humano, encontramos una sociedad dividida por la idea marxista del valor estructural, por lo tanto, el concepto de arte es algo que parte de lo supraestructural guiado por el constante juego burgués de las relaciones sociales de producción, de un sistema económico, pero sobre todo, por una sociedad enajenada, carente de juicios culturales debido a la erosión mental que ha traído consigo la evolución de los medios de comunicación como porta voz de un sistema que carcome a la humanidad a cambio del negocio. Ante estas circunstancias históricas en el siglo XXI nos enfrentamos a la suplantación de realidades inexistentes que no tienen origen ni fundamento, ideas hiperreales, modelos artísticos alejados no sólo de los paradigmas de las corrientes y géneros sino de la facultad primigenia del arte que es la libertad, porque al igual que la verdad, el arte es de quién lo hace suyo. En plena postmodernidad el ser humano se encuentra preso de las decisiones implementadas por el consumismo, idea que sin lugar a dudas pertenece al mundo hiperreal porque en los referentes humanos, dígase las culturas antiguas y clásicas, no encontramos vestigio de tener lo que no se necesita, visto desde una interpretación hermenéutica, la filosofía de consumo era guiada por la aportación de la naturaleza, idea de lo vital y necesario, comunidades de igualdad, de intercambio complementario de productos y no de acaparadores que fluctúan con los precios y necesidades. La era de lo hiperreal en el arte se abre gracias a los falsos modelos que ha traído consigo la evolución del producto desde la era de la modernidad. Sumergidos en la postmodernidad podemos decir que caminamos constantemente con falsas representaciones artísticas que no parten de la humanidad, el arte al ser una actividad puramente humana, muere degollado por las ideas de fragmentación que crea mentes aisladas de la consciencia pura del arte.
A finales del siglo XVIII surge como reacción revolucionaria el Romanticismo, corriente que rescata el sentimiento ante la constante del racionalismo imperante de la ilustración. Dicho fenómeno se concreta en diversas manifestaciones del que hacer humano, el arte y sus distintas modalidades no es la excepción. La primera emancipación la encontramos con la decadencia de la edad media, por fin la humanidad se libera del dogma deliberativo de la religión como única generadora de inspiración artística. Las problemáticas y contemplación del mundo no existen, por lo tanto el arte se encontraba estancado y al servicio religioso que se valió de éste para evangelizar. Seria importante disertar si en realidad el arte sacro debe ser sacro. La idea artística parte de la libertad humana, el arte por ningún motivo debe ser un sometimiento de ideas aunque esta problemática debe ser motivo de otra reflexión, es importante distinguir la profundidad de la cuestionante a la que se enfrentaba la consciencia humana como generadora de belleza artística. Superada esta etapa el arte se enfrenta al poderío del racionalismo de la ilustración, nuevamente la individualidad es sacrificada por el progreso de las formas políticas, tecnológicas y económicas. El punto de partida no es lo intrapersonal, génesis de la producción artística, sino la generación de conocimiento, el arte gira entorno al progreso de las masas. Aunque en las dos etapas mocionadas se conserva la técnica artística no podemos concluir que el arte sea sólo técnica, el arte es al concepción misma del humano, es encontrarse y redescubrirse no sólo en la praxis creativa, sino en la reflexión que genera sentimiento partiendo de la sensibilidad e inspiración lo que lo vuelve único y no una idea vulgar. El Romanticismo representa el rescate del ser humano, es quitar la mirada de lo positivo y fáctico para devolverle al ser la primicia. El arte contemporáneo es aquel que nace como parte de dicha ruptura en el cual están integradas diferentes corrientes como el Realismo, Impresionismo, Simbolismo, Modernismo, etc. Si bien esta era artística nace producto de la emancipación de la humanidad de lo positivo, como en toda la historia encontramos la prostitución del concepto, sólo falta echar un vistazo al liberalismo corrompido que hoy tiene a la gente en hambruna; el Estado que surge como promotor de la igualdad y la participación, hoy es el mejor pretexto para enfermarse de poder. El arte y su reencuentro con lo humano no se escapan, sí bien la nueva perspectiva romántica representa el retorno al sentimiento partiendo de una individualidad que se sabe con y para el todo, hoy en día gracias a la neofragmentación postmoderna efectivamente encontramos un individualismo que radicalmente se opone al romántico, hoy la fragmentación no es para saberse un ente individual que tiene plena consciencia reflexiva y que partiendo de esta idea se sabe con el todo guiado a una frónesis aristotélica. Hoy la fragmentación genera parálisis, individualismo inoperante que es la anestesia ante los problemas que se enfrentan en el inicio del siglo XXI. Simulacros que presentan realidades procedentes de modelos inexistentes pero reales gracias al estado vegetal en el que la postmodernidad como conjunto de variables económicas, políticas y sociales, nos tiene sumergidos.
El simulacro en el siglo XXI se muestra como una delgada
membrana muchas veces difícil de percibir, es fácil caer en el devenir. Es importante para unos minutos y cuestionar desde la génesis de los distintos fenómenos tanto tangibles como intangibles. Encontraremos que la gran variedad de conceptos y formas que guían nuestro presente son hiperreales, nada tiene que ver con la idea primigenia, muy por el contrario son producto de la confabulación del modo de producir. El arte sufre esta simulación tomando como punto de partida el origen de arte contemporáneo, lo individual como perspectiva humana de la autoconciencia con el todo. Visto desde la precesión de los simulacros de Baudrillard lo que hoy precede a la idea artística no es el fundamento del sentimiento de la acción humana, hoy el arte es precedido por la idea de un individualismo que nos lleva a al inoperancia. Nos incapacita de juntar en un juicio colectivo la idea de lo estético más allá del valor de mercado, nos aleja de distinguir la idea de desarrollo para salir del juego dialéctico del progreso enajenante. la era del simulacro artístico se abre puerta en las tiendas de prestigio, sólo unos cuantos deciden la plataforma de simulación que se ha de seguir. Partiendo de esta idea se lanza al mundo el mensaje de arte y valor. El arte ha dejado de estar en manos del juicio de una colectividad que cuestiona a la técnica como parte integrante del concepto y corriente. Indiscutiblemente podemos decir que el arte vive preso de los simulacros materiales de la era postmoderna. Movimientos que encierran la idea sublime de la inspiración y de lo bello; hoy en él se construye el simulacro de lo romántico dentro de la hiperreal postmoderno, el humano ha dejado de ser humano aunque lo humano sea el discurso de todo aquel macabro generador de un calcinante simulacro, porque hoy en día lo humano ya no es lo humano, es hiperreal.


