miércoles, 20 de octubre de 2010

El simulacro artístico en la era postmoderna

Al igual que la metáfora con la que Baudrillard abre el libro Cultura y Simulacro, bajo esta era, la era de la suplantación de los modelos inexistente pero reales, la hiperrealidad, se encuentra la frónesis postmoderna en la que yacen los vestigios de la idea artística del romanticismo como emancipación del clasicismo, que rescata lo humano de lo fáctico, constante y comprobable de las ideas racionalistas de progreso. Es así como nuevamente vemos los conceptos destrozados de la intercomunicación humana por medio del arte. La era de la fragmentación tanto social como individual, nos lleva no sólo al fin de las ideologías sino al de la estética elemental, que parte del individuo y no del binomio producción y valor. Como parte de la fragmentación social, el triunfo de los micro grupos ante la idea de militancia, encontramos la idea artística ya no como un valor que otorga una sociedad unida por las perspectivas de lo humano, encontramos una sociedad dividida por la idea marxista del valor estructural, por lo tanto, el concepto de arte es algo que parte de lo supraestructural guiado por el constante juego burgués de las relaciones sociales de producción, de un sistema económico, pero sobre todo, por una sociedad enajenada, carente de juicios culturales debido a la erosión mental que ha traído consigo la evolución de los medios de comunicación como porta voz de un sistema que carcome a la humanidad a cambio del negocio. Ante estas circunstancias históricas en el siglo XXI nos enfrentamos a la suplantación de realidades inexistentes que no tienen origen ni fundamento, ideas hiperreales, modelos artísticos alejados no sólo de los paradigmas de las corrientes y géneros sino de la facultad primigenia del arte que es la libertad, porque al igual que la verdad, el arte es de quién lo hace suyo. En plena postmodernidad el ser humano se encuentra preso de las decisiones implementadas por el consumismo, idea que sin lugar a dudas pertenece al mundo hiperreal porque en los referentes humanos, dígase las culturas antiguas y clásicas, no encontramos vestigio de tener lo que no se necesita, visto desde una interpretación hermenéutica, la filosofía de consumo era guiada por la aportación de la naturaleza, idea de lo vital y necesario, comunidades de igualdad, de intercambio complementario de productos y no de acaparadores que fluctúan con los precios y necesidades. La era de lo hiperreal en el arte se abre gracias a los falsos modelos que ha traído consigo la evolución del producto desde la era de la modernidad. Sumergidos en la postmodernidad podemos decir que caminamos constantemente con falsas representaciones artísticas que no parten de la humanidad, el arte al ser una actividad puramente humana, muere degollado por las ideas de fragmentación que crea mentes aisladas de la consciencia pura del arte.

A finales del siglo XVIII surge como reacción revolucionaria el Romanticismo, corriente que rescata el sentimiento ante la constante del racionalismo imperante de la ilustración. Dicho fenómeno se concreta en diversas manifestaciones del que hacer humano, el arte y sus distintas modalidades no es la excepción. La primera emancipación la encontramos con la decadencia de la edad media, por fin la humanidad se libera del dogma deliberativo de la religión como única generadora de inspiración artística. Las problemáticas y contemplación del mundo no existen, por lo tanto el arte se encontraba estancado y al servicio religioso que se valió de éste para evangelizar. Seria importante disertar si en realidad el arte sacro debe ser sacro. La idea artística parte de la libertad humana, el arte por ningún motivo debe ser un sometimiento de ideas aunque esta problemática debe ser motivo de otra reflexión, es importante distinguir la profundidad de la cuestionante a la que se enfrentaba la consciencia humana como generadora de belleza artística. Superada esta etapa el arte se enfrenta al poderío del racionalismo de la ilustración, nuevamente la individualidad es sacrificada por el progreso de las formas políticas, tecnológicas y económicas. El punto de partida no es lo intrapersonal, génesis de la producción artística, sino la generación de conocimiento, el arte gira entorno al progreso de las masas. Aunque en las dos etapas mocionadas se conserva la técnica artística no podemos concluir que el arte sea sólo técnica, el arte es al concepción misma del humano, es encontrarse y redescubrirse no sólo en la praxis creativa, sino en la reflexión que genera sentimiento partiendo de la sensibilidad e inspiración lo que lo vuelve único y no una idea vulgar. El Romanticismo representa el rescate del ser humano, es quitar la mirada de lo positivo y fáctico para devolverle al ser la primicia. El arte contemporáneo es aquel que nace como parte de dicha ruptura en el cual están integradas diferentes corrientes como el Realismo, Impresionismo, Simbolismo, Modernismo, etc. Si bien esta era artística nace producto de la emancipación de la humanidad de lo positivo, como en toda la historia encontramos la prostitución del concepto, sólo falta echar un vistazo al liberalismo corrompido que hoy tiene a la gente en hambruna; el Estado que surge como promotor de la igualdad y la participación, hoy es el mejor pretexto para enfermarse de poder. El arte y su reencuentro con lo humano no se escapan, sí bien la nueva perspectiva romántica representa el retorno al sentimiento partiendo de una individualidad que se sabe con y para el todo, hoy en día gracias a la neofragmentación postmoderna efectivamente encontramos un individualismo que radicalmente se opone al romántico, hoy la fragmentación no es para saberse un ente individual que tiene plena consciencia reflexiva y que partiendo de esta idea se sabe con el todo guiado a una frónesis aristotélica. Hoy la fragmentación genera parálisis, individualismo inoperante que es la anestesia ante los problemas que se enfrentan en el inicio del siglo XXI. Simulacros que presentan realidades procedentes de modelos inexistentes pero reales gracias al estado vegetal en el que la postmodernidad como conjunto de variables económicas, políticas y sociales, nos tiene sumergidos.

El simulacro en el siglo XXI se muestra como una delgada membrana muchas veces difícil de percibir, es fácil caer en el devenir. Es importante para unos minutos y cuestionar desde la génesis de los distintos fenómenos tanto tangibles como intangibles. Encontraremos que la gran variedad de conceptos y formas que guían nuestro presente son hiperreales, nada tiene que ver con la idea primigenia, muy por el contrario son producto de la confabulación del modo de producir. El arte sufre esta simulación tomando como punto de partida el origen de arte contemporáneo, lo individual como perspectiva humana de la autoconciencia con el todo. Visto desde la precesión de los simulacros de Baudrillard lo que hoy precede a la idea artística no es el fundamento del sentimiento de la acción humana, hoy el arte es precedido por la idea de un individualismo que nos lleva a al inoperancia. Nos incapacita de juntar en un juicio colectivo la idea de lo estético más allá del valor de mercado, nos aleja de distinguir la idea de desarrollo para salir del juego dialéctico del progreso enajenante. la era del simulacro artístico se abre puerta en las tiendas de prestigio, sólo unos cuantos deciden la plataforma de simulación que se ha de seguir. Partiendo de esta idea se lanza al mundo el mensaje de arte y valor. El arte ha dejado de estar en manos del juicio de una colectividad que cuestiona a la técnica como parte integrante del concepto y corriente. Indiscutiblemente podemos decir que el arte vive preso de los simulacros materiales de la era postmoderna. Movimientos que encierran la idea sublime de la inspiración y de lo bello; hoy en él se construye el simulacro de lo romántico dentro de la hiperreal postmoderno, el humano ha dejado de ser humano aunque lo humano sea el discurso de todo aquel macabro generador de un calcinante simulacro, porque hoy en día lo humano ya no es lo humano, es hiperreal.

domingo, 27 de junio de 2010

El Quetzal



¿Está caliente tu té? preguntó Sebastián aquella tarde de verano en un café al sur de la ciudad. Las calles empedradas recuerdan la colonia, hoy todo es distinto; marcas transnacionales, cafés al estilo de la gran manzana han invadido la tierra del coyote. Aún se pueden ver en las esquinas y en algún establecimiento modesto, típicos personajes que pretenden solucionar los paradigmas postmodernos al son de una bebida jarocha y un tabaco del vaquero americano. Con una espontánea sonrisa Alanís respondió ¡esta hirviendo!, así que tendremos tiempo para discutir lo que nos ha traído aquí. En un acto más por romper el hielo que por el interés afectivo, Sebastián ha elegido preguntar: ¿Cómo está tu madre?



-En verdad aprecio el interés hipócrita de tu parte, mi madre está bien pero no hemos venido a hablar de mi familia ni de tus ideas para salvar el mundo postrado en una silla, tratando de encontrar si en la historia hay efectos mediante la herme….



-Hermenéutica respondió Sebastián.



- Lo que sea.



Hace un año de aquella separación, Sebastián, mejor dicho El gafas, se había quedado inmóvil bajo la lluvia viendo como el camión que los había llevado hasta Tepoztlán se ocultaba entre la lluvia, al final se perdió en una curva.


El día había comenzado muy temprano, un corto trayecto de la terminal de autobuses del sur de la Cd. de México y por fin el estado de Morelos. Algunos miles de escalones bastaron para subir el tepozteco, al final una gran vista de las tierras zapatistas. En un instante todo era silencio al filo de la pirámide y el tiempo pareció haberse detenido. De pronto Alanís en un impulso se ha parado para salir corriendo inexplicablemente. Sebastián tardó algunos segundos antes de reaccionar e ir en su búsqueda. Ella se perdió entre la selva y escalones de bajada, Sebastián, no la pudo alcanzar.



Después de correr y correr el gafas se vio perdido en la nutrida vegetación, ahora no todo era silencio. A lo lejos se escucha el eco colosal digno de la sierra, el canto de aves de gran tamaño parecían volar en circulo como un enemigo sigiloso. Sin saber de dónde ni cómo, Sebastián se encuentra rodeado, aborígenes con taparrabos amenazan con enterrar sus lanzas en el centro de su pecho. Pronto es llevado ante Ce Acatl Tolpiltzin Quetzalcóatl quien de inmediato ordena su sacrificio por atreverse a desafiar a la gran roca. Es despojado de su ropa y llevado hasta la cima del Tepozteco de donde ha de ser lanzado.



Todo está listo para el sacrificio, Sebastián es atado de manos, los ojos vendados y puesto en una tabla al filio del cerro. A punta de lanza es invitado a dar unos pasos y caer al vacío. Sin salida, temerosamente da un paso y pide clemencia, sabía que no podía morir sin antes encontrar al amor de su vida. No hay piedad, el gafas da el último paso y cae el vacío. Como una cinta cinematográfica su vida se proyecta en su mente de principio a fin, cada momento en el que río, lloró y amó. El viento se escuchaba violentamente y el vacío en el estómago era insoportable, las rocas afiladas esperaban al final del viaje.



Listo para morir Sebastián aprieta los dientes para recibir el impacto. Metros antes de hacer contacto con las mortales rocas un Quetzal de gran tamaño lo toma de la ropa y lo rescata. Juntos surcan el abstracto atardecer rojizo de tierras sureñas. Con mucho cuidado es dejado en el centro del pueblo, se quita la venda de los ojos y corre desnudo a la terminal de autobuses. Es tarde, el camión está en la puerta de salida. El gafas corre despavoridamente detrás del camión. Alanís se asoma por una de las ventanas, con una mirada pide disculpas por el abandono. La lluvia comienza a caer y pronto sus piernas se ven superadas por la máquina del camión el cual se pierde en una curva.



-Y bien, después de un año estamos aquí en un café de Coyoacán, quisiera una explicación, exclama Sebastián.



-Alanís se queda en silencio y agacha la mirada. Parece que el tiempo se detuvo, incluso el viento inmóvil es la perfecta combinación para la llovizna que comienza a caer. Inexplicablemente la mujer de cabello castaño sale huyendo como aquella tarde en Tepoztlán. Sebastián intenta ir tras ella, dos hombres de blanco lo interceptan.



La esquizofrenia es un diagnóstico psiquiátrico que se refiere a trastornos mentales graves en personas con alteraciones en la percepción o la expresión de la realidad. Sebastián actualmente es interno de instituto mexicano de psiquiatría, cree mantener conversaciones con una mujer de nombre Alanís y en la delirante víspera de su muerte, ver enormes quetzales volando en círculo en los atardeceres citadinos.










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domingo, 20 de junio de 2010

El aborto y los temas circulares en la discusión política


El aborto y los temas circulares en la discusión política




Hablar del México añejo y contemporáneo es hablar del pueblo que se pelea en la delegada línea del consenso como promotor del utópico desarrollo humano. Los antecedentes de nuestra pintoresca política, entendiendo como política el acto de la pluralidad de ideas que tiene como fin el accionar de una vida en sociedad[1], han estado salpicados de aciertos y desaciertos, encantos y desencantos, pero sobre todo, de coincidencias y disidencias. Tal es el caso de la discusión de temas inherentes a la vida, en específico el aborto. Resulta tarea difícil en un pueblo de actantes políticos disfuncionales divididos por el poder, sacar a flote temas alejados del mundo de lo constante y material, temas en un constante devenir, ya que la vida no es un elemento estructural, muy por el contrario divaga dialécticamente en el complejo mundo de lo súper-estructural[2].

Para comenzar es necesario hacer una abreve definición del concepto vida desde la perspectiva estrictamente biológica, “hace alusión a aquello que distingue a los reinos animal, vegetal, hongos, protistas, arqueas y bacterias del resto de manifestaciones de la naturaleza. Implica las capacidades de nacer, crecer, reproducirse y morir, y, eventualmente, evolucionar”[3]. Como pudimos ver en esta superficial definición, la vida es un concepto ligado al constante cambio, que evoluciona y se mueve, interactuando con los factores externos construyendo una forma. Por lo tanto, podemos decir que la vida no es un concepto ligado a lo estático e inamovible como supone el mundo jurídico, ya que se legisla para aspectos constantes, por el contrario, la vida no es parálisis, es un estado.

Partiendo de esta tesis fundamental, podemos observar que el diálogo entre instituciones visto desde el ojo funcionalista, es un juego trillado en el que se gira y se discute al son de intereses políticos y religiosos, pero sobre todo, montado sobre una plataforma de un tema circular difícil de atrapar y llevarlo a lo constante de lo jurídico. Muy difícilmente podremos encontrar las respuestas y direcciones de temas en constante movimiento. Mientras la iglesia objeta que la vida comienza en el momento de la concepción, los legisladores queman contadas neuronas tratando de fraguar la idea biológica de vida para poder hacer una ley capaz de cumplir con la constante que ésta requiere.

En conclusión, temas circulares como es el caso de la legislación del aborto, no deberían estar supeditados a la referencia de lo plasmado y con carácter estático de lo jurídico, ya que la ley no es algo que se mueva dialécticamente en el accionar humano y que mute con la conveniencia.

Podemos observar que el tema circular del aborto no es asunto de leyes jurídicas sino morales, estás poseen la verdadera idea de constante cambio e improvisación en la toma de decisiones; sólo éstas como producto de un buen ejercicio de la formación basada en los preceptos de una frónesis[4] guiada al bien social, nos podrá rescatar de divagar en el hoyo negro del complejo espacio sideral de los llamados temas circulares. Mientras tanto, las instituciones funcionales podrán continuar corriendo en la esfera del eterno cíclico y estéril mundo de la discusión circular.


[1] Sartori Giovanni, La política, Lógica y método de las ciencias sociales, Ed. Fondo de Cultura económica 3ª edición México 2002 pp. 223.
[2] Hernecker Martha, Los conceptos elementales del materialismo histórico, Ed. Fondo de cultura Económica 5ª edición México 1999 pp. 158
[3] Diccionario Esencial de la Lengua Española. Editorial VOX
[4] Phronesis (del griego: Φρόνησις) en Aristóteles es la virtud del pensamiento moral, normalmente traducida como "sabiduría práctica", a veces también como "prudencia".
A diferencia de la Sofía, la Frónesis es la habilidad para pensar cómo y por qué debemos actuar para cambiar las cosas, especialmente para cambiar nuestras vidas a mejor.